En el PRIT, nadie cree que Bob Trompada pueda ganar la Presidencia del País del Nunca Jamás. Un nuevo fenómeno se suscita. En diversas tierras se rompen acuerdos establecidos entre ex dirigentes, donde se aseguraba que a su salida nadie podría volver a buscar un puesto de elección popular. En este mundo todo es poder y presencia, sin importar quien salga perjudicado.
El que se hace llamar dueño del territorio Quijote, sabe que su aspirante nacional no tiene oportunidad, pero tampoco el quiere salir de la jugada política, a pesar de haber permanecido en silencio, como todo buen cazador. Se rompen promesas. El que fue un joven con un pasado negro, nuevamente será puesto en la banca. Tal vez deje el PRIT y busque cobijo en la tierra del mediano sol.
El buen amigo de Bob Trompada asegura que no se dejará del dueño del Quijote. No le teme a su poder económico. Asegura que tiene una buena armadura para combatir en su terreno.
Las familias comienzan a hacer sus apuestas. Los colores buscan su acomodo, quieren seguir pintando la tierra del Quijote. Un “reciente” nombre, al que temen los que viven en los pocos espacios que quedan vacíos en la parcela, muy hecho al estilo del llamado innombrable, prepara sus cartas.
Un cuarto en discordia busca unificar a los guerreros que van cayendo. Sabe que esto lo fortalecería para lograr su venganza: acabar con un cacicazgo de más de 85 años, o al menos eso es lo quiere hacer creer.
Lo cierto es que en la tierra de los ciegos el tuerto es el que gobierna, o controla a los que no quieren ver. La cacería de brujas en la formadora de conciencias es signo inevitable de que el dueño del Quijote trama algo. Busca deshacerse de los “leales incómodos”.
Los escribanos, por órdenes del rey, deben ser cautelosos. Podrían desencadenar la hecatombe, poner en peligro la institucionalidad del reino.
Se esperan alianzas en la parcela. La rebelión en la granja se iniciaría tarde o temprano. Un pequeño snowball hidalguense podría ser expulsado y perseguido por el poder detrás del poder. No quieren altercados que fracturen más el territorio. Nadie quiere perder su lugar y el sueño de alcanzar algún día al Quijote.
La salida de algunos caballeros se espera en unos días. La mesa redonda tendrá vacantes. Algunos han rechazado unirse a la causa, saben que está perdida y no quieren morirse en el intento. Ya no creen en fantasías y promesas que a la larga se vuelven patadas en el culo.
El dueño del Quijote lo sabe, y por eso busca regresar a los combates. Una nueva derrota podría causar su muerte en la parcela. Un nuevo reino podría llegar en 2011 y terminar con este Cid, campeón de las irregularidades y de los regalos que terminan siendo devueltos.
Dentro de un año las aguas se calmarían, o se buscaría al menos navegar sin complicaciones. Sólo se dará la justa recompensa a los que se consideran leales. La lealtad en este mundo es un interés particular que eleva el rango, no la conciencia.
Los hechiceros, conocedores de la historia, auguran derrota. Pero sólo parcial. Si los guerreros no luchan contra la costumbre, la tradición seguirá oprimiendo al pueblo. El País de Nunca Jamás seguirá hincado y la tierra del Quijote seguirá gobernado por un ciego al que nubla el poder, al que no se conforma con la riqueza extraída de la tierra de las minas.